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Xenofobias y contradicciones: Éxodo centroamericano

Actualizado: 20 de dic de 2018

¿Por qué emigran los connacionales a los Estados Unidos? ¿En qué radica la decisión de dejar familia, amistades o planes de vida en sus comunidades y aventurarse hacia un destino incierto? Nadie asegura que puedan llegar o concretar sus propósitos. Sin embargo, emigran, y a su paso se topan con diferentes obstáculos. El camino no es fácil. No obstante, hombres y mujeres de distintos rangos de edad y etnias, emprenden el camino hacia el sueño americano. “Más vale arriesgarse”, es la constante que se escucha entre aquellos que optan por tal decisión de vida.

En México y Centroamérica la gente no sólo emigra por factores económicos relacionados con la pobreza y falta de oportunidades, emigra también por la violencia que impera en algunas partes del territorio. Hoy uno de los pilares de la economía mexicana es precisamente el de las remesas que envían los connacionales, acaso uno de los motivos por los cuales las nuevas reformas migratorias se han reforzado en contra de los mexicanos y centroamericanos.

Hace pocos meses la reacción generalizada de mexicanos en contra de las reformas migratorias propuestas por Donald Trump le acusaron –con justa razón– de xenófobo, adjetivo del que, por cierto, no se le ha dejado de deslindar. Trump no sólo se ufana como superior ante todos aquellos pueblos que se ubican geográfica y económicamente por debajo de los Estados Unidos; para él, ciego a las diferencias, el migrante es uno: no importan nacionalidades, tampoco importan motivos o decisiones para vivir o laborar en aquel país, y por si no fuera poco, tilda con una serie de adjetivos denigrantes a los connacionales: “criminales”, “violadores”. Acto seguido, una serie de deportaciones y la separación de menores de edad de sus padres; niños encerrados en jaulas metálicas. La respuesta no se hizo esperar, y tanto en redes sociales como en las principales avenidas de algunas ciudades de México, así como en la frontera norte, o en otros países, hubo diferentes protestas. La postura era clara: ¡no a la xenofobía! Así lo entonaba el común de los mexicanos. Respeto de las garantías, respeto por el otro. Hashtag (#) contra la xenofobía y el racismo. Y después de ello, en estos días los comentarios de tantos y tantos mexicanos en redes sociales destilaron en días pasados discriminación y racismo como nunca.

Resulta irónico e incomprensible que, en un país como México que conoce en carne propia del tema migratorio ya que buena parte de su historia y su economía están marcadas por dicho fenómeno, se responda de la manera como se ha hecho ante la presencia de la caravana migrante de centroamericanos por paso en México; son indignantes las opiniones que ha suscitado la presencia de centroamericanos que, así como los mexicanos, han emprendido el camino a los Estados Unidos. Ahora son los propios mexicanos quienes gritan o tildan de rateros a aquellos que cruzan por territorio mexicano.

México es un pueblo que discrimina, que no deja de reproducir estereotipos, ya sea por las características fenotípicas, las preferencias sexuales o religiosas, entre muchas otras. Trump juzga de rateros o maleantes a los mexicanos, y éstos, a su vez, no sólo reproducen los mismos prejuicios con los hondureños, guatemaltecos o salvadoreños, sino que además, con un tono racista, agregan una serie de adjetivos denigrantes a partir del color de la piel de los centroamericanos, aquellos, precisamente, con quienes los mexicanos que emigran comparten techo, trabajo y espacios recreativos en los Estados Unidos, aquellos con quienes hacen equipos para poder enviar ese dinero con el cual México se mantiene a flote; dinero que apoya no sólo para la subsistencia, sino que incluso costea algunas de esas prácticas religiosas y festivas mexicanas, de las cuales tanto nos ufanamos.

Por lo que como antropóloga he podido registrar en campo, en los Estados Unidos todo se vincula con las redes migratorias establecidas entre mexicanos y centroamericanos. Por ello resulta doblemente ofensivas e irónicas las actitudes xenófobas y racistas de alguna parte de la población mexicana. ¡Vivan nuestras tradiciones xenófobas! Irónico y vergonzoso por donde se quiera entender.

En ese mismo sentido, doblemente irónico, pues fueron los migrantes centroamericanos quienes detuvieron su recorrido con rumbo a los Estados Unidos, para apoyar a los mexicanos tras el terremoto ocurrido el año pasado.


Se debe puntualizar: nadie es ilegal. Existen documentados e indocumentados, pero no gente ilegal. Nadie es superior o inferior a otro. Esas categorías, se supone, habían quedado atrás desde hace poco más de un siglo. ¿Con qué cara podemos exigir el respeto de algunos estadounidenses trumpistas para con los mexicanos? ¿Acaso no volvemos a caer en esa falsa moral que también se ha convertido en una característica de los mexicanos, por ejemplo, con la discriminación indígena?

No es mi intención generalizar: ni todos los estadounidenses son Donald Trump, ni todos los mexicanos piensan con ese sesgo racista, cerrado. Por ello, tal vez el llamado para una adecuada comunicación que evite generar violencia como la que ya está sucediendo, por ejemplo, en redes sociales.


Libertad Mora

@mbixi



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